A 58 años de la matanza de Tlatelolco, Noé Peniche Peniche recuerda los acontecimientos que unieron al movimiento estudiantil y comparte su testimonio como dirigente de los tecnológicos de México.

De la redacción/OGY: Mérida, Yucatán.
La historia del movimiento estudiantil de 1968 no comenzó con los disparos en Tlatelolco. Antes del 2 de octubre hubo jóvenes golpeados, escuelas intervenidas y una puerta universitaria destruida por el Ejército. Aquellos acontecimientos transformaron un conflicto entre estudiantes en una movilización que cuestionó el autoritarismo y dejó una huella profunda en la vida nacional.
En vísperas de un nuevo aniversario de la matanza, Noé Peniche Peniche recupera la memoria de aquellos días desde su experiencia en la dirigencia nacional estudiantil de los tecnológicos de México, responsabilidad que, según relata, ocupaba entonces.
Su evocación también tiene un vínculo con Yucatán: recuerda haber compartido actividades con Luis Jorge Cárdenas López, entonces dirigente estudiantil de la universidad yucateca. A invitación de maestros y estudiantes de la actual Universidad Autónoma de Yucatán, señala, comparte su versión de los acontecimientos que enlutaron al país.
De La Ciudadela a la protesta estudiantil
El antecedente inmediato se remonta al 22 de julio de 1968, cuando una pelea entre alumnos de la Vocacional 2 del Instituto Politécnico Nacional y de la preparatoria particular Isaac Ochoterena, incorporada a la UNAM, encendió el conflicto en la zona de La Ciudadela, en la Ciudad de México.
La intervención de los granaderos al día siguiente, con golpes y el ingreso a instalaciones escolares, amplió el descontento. Lo que había comenzado como una riña adquirió otra dimensión: la protesta contra la violencia policiaca y la defensa de los espacios educativos.
El bazucazo que marcó la ruptura
La madrugada del 30 de julio, la intervención militar dejó una de las imágenes más recordadas de aquel verano: la destrucción, mediante un disparo de bazuca, de la puerta de la Preparatoria 1, en el antiguo Colegio de San Ildefonso.
El ataque al recinto universitario profundizó la indignación. La entrada del Ejército a las escuelas colocó la defensa de la autonomía universitaria en el centro de la movilización. El 1 de agosto, el rector Javier Barros Sierra encabezó una marcha para protestar contra la represión.
Las imágenes frente a la versión oficial
En su recuento, Peniche Peniche destaca el papel de la revista ¿Por qué?, dirigida por Mario Menéndez Rodríguez, como una ventana periodística para conocer la magnitud de las agresiones.
Según recuerda, las fotografías de estudiantes heridos, del portón destruido y de la presencia militar ofrecieron elementos para cuestionar las versiones que reducían el conflicto a enfrentamientos entre grupos estudiantiles. Su testimonio sitúa al periodismo como parte de la disputa por documentar lo ocurrido y preservar su memoria.
La unión de las comunidades estudiantiles
La represión acercó a estudiantes del Politécnico y de la UNAM, junto con representantes de normales y otras instituciones. El 2 de agosto se constituyó el Consejo Nacional de Huelga (CNH), que articuló las demandas y la organización del movimiento.
Las protestas trascendieron las diferencias entre escuelas y dieron forma a una causa compartida: exigir libertades, denunciar los abusos y reclamar una respuesta pública de las autoridades.
El 2 de octubre y la memoria pendiente
La matanza del 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, convirtió aquella movilización en una herida de alcance nacional y en un parteaguas de la historia política mexicana.
A 58 años de distancia, el relato de Noé Peniche Peniche incorpora una experiencia personal a esa memoria colectiva. Recordar los hechos supone volver a las escuelas, las calles y las voces de quienes vivieron un periodo cuyo desenlace todavía interpela al país…(OGY)