El Observador Gráfico Yucatán

De Tulum a Gaza: la crónica de una tragedia y una acción humanitaria internacional

El recuerdo de Noé Peniche Patrón sobre el respaldo diplomático de México ante el drama de los rehenes en Medio Oriente

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José Pallotta/OGY: Mérida, Yucatán.

En medio del conflicto en Medio Oriente, una historia marcada por la violencia, la incertidumbre y los esfuerzos diplomáticos quedó grabada en la memoria de quienes acompañaron, desde México, el drama de ciudadanos vinculados a Tulum que quedaron atrapados en una de las peores crisis humanitarias de los últimos años.

Así lo recuerda Noé Peniche Patrón, quien evoca el acompañamiento realizado junto a Jorge Aguilar Osorio en respaldo a la entonces presidenta de la República, en el contexto del caso de los llamados “rehenes tulunénses”, jóvenes que habían viajado a Israel para participar en el Festival Nova de música electrónica, un evento por la paz que terminó convertido en escenario de horror.

De Tulum salieron tres jóvenes con la intención de asistir al festival. Entre ellos se encontraba Orión Hernández, cuya desaparición abrió una ventana de esperanza durante semanas, mientras su familia y autoridades mantenían la expectativa de encontrarlo con vida. Sin embargo, su cuerpo fue ocultado durante el conflicto y posteriormente repatriado a México, gracias a gestiones diplomáticas y al apoyo del activista Uriel Avni.

El caso más brutal fue el de Shany, quien —de acuerdo con los testimonios— fue víctima de violencia extrema: violada en grupo, asesinada y exhibida en Gaza, convirtiéndose en uno de los símbolos del impacto civil del conflicto.

En este escenario, la intervención del gobierno mexicano fue clave. La entonces canciller Alicia Bárcena logró acreditar la doble nacionalidad mexicana-israelí de Ilana, lo que permitió su liberación durante el segundo intercambio de rehenes con grupos terroristas. La joven había permanecido cautiva en cuevas, en condiciones extremas, hasta que fue liberada.

Peniche Patrón agradece la intervención humanitaria de quienes participaron en estas gestiones, incluyendo al expresidente y a la presidenta en funciones, destacando que más allá de posturas políticas, prevaleció la defensa de la vida y la dignidad humana.

En su testimonio, recuerda una frase escuchada en Israel tras una visita de María Esther de Echeverría a Golda Meir, que resume el espíritu humanista que marcó estas acciones:
“Pesan lo mismo las lágrimas de una madre judía que las de una madre de la Franja de Gaza”.
Una conclusión contundente: la paz es urgente.

Finalmente, evoca otro momento simbólico, tras la firma de los acuerdos de paz en el Arava, cuando —durante un acto en el Knéset al que asistió— un mandatario sentenció:
“La guerra es evitable, la paz es inevitable”.

Una frase que hoy, en medio de un conflicto aún abierto, resuena como recordatorio de que la diplomacia, la humanidad y la memoria siguen siendo caminos necesarios para evitar que la tragedia se repita...(OGY)

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