
Gaspar Quintal acusa simulación en Morena, pero olvida que su partido tuvo más de siete décadas para corregir la jornada laboral… y jamás lo hizo
José Pallotta/OGY: Mérida, Yucatán.
Gaspar Quintal Parra, presidente del PRI en Yucatán, salió a escena con un discurso severo contra la reforma de las 40 horas impulsada por Morena la califica de simulación, de propaganda barata y de engaño para los trabajadores. Y aunque varios de sus señalamientos merecen debate, el problema no está solo en lo que dice, sino en quién lo dice y desde dónde lo dice.
Porque resulta francamente insultante que el PRI -el mismo partido que gobernó México durante más de 70 años- hoy se erija como defensor tardío de los derechos laborales, cuando tuvo tiempo de sobra para reducir la jornada, dignificar el trabajo y equilibrar la vida familiar… y nunca lo hizo.
Quintal Parra advierte que la reforma de Morena podría provocar más desgaste, más gastos y hasta más horas de trabajo. Habla de jornadas extendidas, de horas extra normalizadas y de beneficios pospuestos hasta 2030.
Todo eso suena muy preocupante… si no fuera porque ese mismo esquema fue la norma bajo los gobiernos priistas, sin que jamás levantaran la voz.
Durante décadas, el PRI administró un modelo laboral basado en largas jornadas, salarios castigados y sindicatos corporativos. Nunca impulsó una reforma de 40 horas. Nunca planteó dos días de descanso obligatorios. Nunca protegió al trabajador de los abusos patronales. Hoy critican lo que ayer defendieron con uñas y dientes.
El dirigente priista acusa a Morena de buscar el aplauso fácil. Pero el PRI ni siquiera buscó el aplauso cuando tuvo todo el poder para legislar a favor de la clase trabajadora. No hubo valentía, no hubo voluntad política, no hubo justicia laboral. Hubo silencio, complacencia y conveniencia.
Ahora, desde la oposición, el PRI promete votar a favor de una “reducción auténtica” de la jornada laboral. Curioso: esa autenticidad aparece solo cuando ya no gobiernan, cuando ya no deciden, cuando ya no pueden imponer condiciones.
Mediante un comunicado que el PRI circulo, incluye apoyos fiscales para empresas, especialmente MIPyMES, para evitar despidos e informalidad. Un punto válido, sí. Pero también familiar. Las pequeñas empresas siempre han sido el argumento perfecto para no tocar privilegios, para no reformar de fondo, para no incomodar al poder económico.
Durante años, las MIPyMES fueron abandonadas, asfixiadas por impuestos y trámites… y ahora se les invoca como excusa moral para frenar o descalificar una reforma que, al menos, abrió el debate nacional.
El problema no es que el PRI critique la reforma de Morena. El problema es que lo haga sin una sola línea de autocrítica, sin reconocer su responsabilidad histórica, sin admitir que si hoy el país discute las 40 horas es precisamente porque ellos nunca quisieron hacerlo.
Cuando Gaspar Quintal Parra habla de justicia laboral, su discurso choca con la realidad de un partido que convirtió la explotación en costumbre y la precariedad en sistema. No es defensa del trabajador. Es oportunismo político envuelto en retórica social.
Sí, la iniciativa de Morena puede y debe mejorarse. Sí, se debe garantizar descanso real y no simulaciones legales. Pero hay una diferencia clave: unos están intentando legislar; otros solo intentan reescribir su historia.
El PRI no perdió autoridad moral ayer. La perdió hace décadas, cuando tuvo todo para cambiar las cosas y decidió no hacerlo. Hoy, criticar desde las gradas no los convierte en aliados de los trabajadores, solo en espectadores tardíos de un debate que siempre les quedó grande…(OGY)