El gusano barrenador vuelve al debate público: prevención, ciencia y una amenaza que nunca se fue del todo

La Universidad Autónoma de Yucatán se coordina con el Gobierno del Estado para contener un problema sanitario que tiene memoria histórica y riesgos reales para el campo y la salud humana

José Pallotta/OGY: Mérida, Yucatán.

El gusano barrenador no es un mal nuevo. Aunque por años se creyó erradicado del radar cotidiano, su sola mención vuelve a encender alertas en el sector agropecuario y en las comunidades rurales, donde este parásito ha dejado huella histórica por sus efectos devastadores en animales y, en casos extremos, en humanos.

Así lo dejó claro Hugo Delfín González, director de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), al reconocer que, si bien la universidad no realiza investigaciones directas sobre la propagación del gusano barrenador, mantiene una coordinación estrecha con el Gobierno del Estado para diseñar y reforzar estrategias de control.

El académico explicó que la UADY participa como aliada técnica y científica en la planeación de medidas preventivas, particularmente en una estrategia que ya ha demostrado su eficacia a nivel internacional: la liberación de la llamada “mosca estéril”.

Este método consiste en producir de manera controlada moscas que, tras ser esterilizadas, se liberan masivamente en el ambiente. Al no poder reproducirse, estas compiten con los insectos fértiles, reduciendo drásticamente la posibilidad de apareamiento y, con ello, el crecimiento de la población del gusano barrenador.

“Es una forma de inundar el ambiente con individuos que no se reproducen, lo que baja las poblaciones de manera natural”, explicó Delfín González, subrayando que se trata de una herramienta probada y efectiva cuando se aplica con disciplina y seguimiento.

Más allá del impacto en la ganadería, el especialista advirtió que el problema no debe verse únicamente como una cuestión veterinaria. En condiciones específicas, el gusano barrenador puede afectar a humanos, particularmente a personas que viven o trabajan en el campo y que descuidan heridas abiertas.

Los casos humanos, explicó, suelen estar relacionados con abandono, falta de atención médica o condiciones de marginación extrema, donde el acceso a servicios de salud es limitado o inexistente.

“No es algo que se resuelva con remedios caseros. Una herida mal atendida siempre es peligrosa”, enfatizó.

El llamado es claro: higiene, revisión constante del cuerpo, atención inmediata de cualquier herida y acudir al médico ante el menor indicio de infección.

En zonas rurales, donde el contacto con animales y ambientes abiertos es cotidiano, la prevención puede marcar la diferencia entre un problema menor y una complicación grave.

El gusano barrenador fue, durante décadas, una pesadilla sanitaria para el campo mexicano. Su reaparición en la conversación pública no debe tomarse a la ligera ni tratarse como un tema menor.

La coordinación entre gobierno, academia y sociedad será clave para evitar que un problema que el país ya conoció en el pasado vuelva a convertirse en una crisis que pudo haberse prevenido. En salud pública, como en el campo, descuidarse siempre sale caro…(OGY)

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