EL NEGOCIO DE SIEMPRE… DISFRAZADO DE CAMBIO

José Pallotta/Editorial…

Cuando la política promete transformación, pero termina reciclando las mismas prácticas que dice combatir

En México, la política tiene una cualidad casi mágica: puede reinventarse sin cambiar absolutamente nada.

Y no, no es un truco nuevo. Es más bien una tradición. Una costumbre tan arraigada que ya ni sorprende… pero sí indigna.

Hoy nos dicen que estamos viviendo tiempos de transformación, que el poder ahora le pertenece al pueblo, que las decisiones se toman pensando en la gente. Y sin embargo, cuando uno observa con detenimiento lo que ocurre en el terreno -en los municipios, en las colonias, en las comunidades- la historia parece repetirse.

Porque mientras arriba se habla de soberanía, justicia y democracia… abajo, el ciudadano sigue enfrentando lo mismo de siempre: abusos, burocracia, simulación y, en muchos casos, impunidad descarada.

La ironía es brutal…

Se critica al pasado… pero se repiten sus prácticas.

Se promete acabar con privilegios… pero se protegen intereses.

Se habla del pueblo… pero muchas veces se les ignora.

Y lo más preocupante no es que ocurra.

Lo verdaderamente alarmante es que se normalice.

Porque en México ya nos acostumbraron a que la política funcione así:

como un teatro donde cambian los actores… pero el guion sigue igualito.

Mientras los discursos suben de tono, el ciudadano sigue lidiando con problemas muy reales:

Falta de seguridad

Conflictos por la tierra

Servicios deficientes

Autoridades que llegan… pero no actúan

Y cuando finalmente alguien levanta la voz, denuncia o exige justicia, la respuesta suele ser la misma:

Silencio… o simulación.

Porque en este país, muchas veces es más fácil organizar un evento político que resolver un problema ciudadano.

¿CUAL ES LA REALIDAD QUE NO QUIEREN VER?

Aquí es donde la ironía se vuelve incómoda.

Porque quienes hoy hablan de transformación deberían ser los primeros en garantizar que las viejas prácticas desaparezcan.

Pero cuando eso no ocurre, el mensaje que se envía es peligroso:

Que el cambio era solo discurso.

Que el sistema sigue intacto.

Que el poder… sigue siendo poder.

Y AÚN ASÍ, EL PUEBLO RESISTE

Pero hay algo que no cambia -y eso sí es digno de reconocerse-:

El pueblo mexicano…

Ese que sigue trabajando, que sigue luchando, que sigue creyendo… incluso cuando las instituciones le fallan.

Ese que no necesita discursos para entender lo que está bien y lo que está mal.

Ese que observa, que recuerda… y que eventualmente decide.

Porque si algo ha demostrado la historia de este país, es que la paciencia del pueblo no es infinita.

La verdadera transformación no está en los discursos, ni en los eventos, ni en las fotos.

Está en los hechos, en la justicia que sí llega, en la ley que sí se aplica, en la autoridad que sí responde.

Y mientras eso no ocurra, cualquier intento de cambio seguirá pareciendo lo que hoy muchos ya empiezan a ver:

Que fue solo una puesta en escena.

La ironía, al final, no es contra el pueblo, es contra quienes creen que pueden seguir haciendo lo mismo…

y convencer a todos de que ahora es diferente, porque México ya cambió, y el pueblo también.

Y cuando el pueblo despierta ya no compra discursos, exige resultados...(OGY)

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