
Más que analizar el Informe, PRI y PAN apuestan por el desgaste; “el miedo no anda en burro” y en política, todos tienen cola que les pisen
José Pallotta/OGY: Editorial.
Hace tiempo que el Recinto del Congreso del Estado de Yucatán no era escenario de un espectáculo de dimes y diretes tan evidente. Lo que debía ser un ejercicio democrático de análisis tras el Primer Informe del gobernador Joaquín Díaz Mena, terminó convertido en tribuna de confrontación por parte de las fuerzas de oposición.
Lejos de debatir con propuestas concretas, PRI y PAN centraron sus intervenciones en desacreditar el contenido del llamado Renacimiento Maya, estrategia que -según cifras oficiales- ha impulsado apoyos sociales, obra pública e inversión histórica en la entidad.
PRI: memoria selectiva y exigencias tardías
El dirigente priista y diputado Gaspar Quintal Parra
Sin embargo, la crítica despierta interrogantes inevitables: ¿con qué autoridad moral exige hoy el PRI transparencia, tras más de siete décadas de gobiernos señalados precisamente por la falta de rendición de cuentas? En política, la memoria suele ser corta, pero la historia no se borra tan fácilmente.
El argumento sobre la disminución del ingreso laboral por cápital en 2025 y los retos estructurales merece análisis técnico serio, pero cuando proviene de un partido que enfrenta una crisis de credibilidad y una lucha por supervivencia electoral, el discurso parece más una estrategia de desgaste que una contribución constructiva.
Dicen que “el miedo no anda en burro”, y cuando arrecian los señalamientos sin autocrítica, la sospecha es inevitable: quizá lo que incomoda no es el informe, sino el reposicionamiento político del gobierno en turno.
PAN: críticas severas, pero sin autocrítica
Por su parte, el diputado panista y Presidente de Acción Nacional en Yucatán Álvaro Cetina Puerto
afirmó que Yucatán necesita rumbo, prioridades claras y resultados tangibles.
Señaló pérdida de más de 11 mil empleos formales y advirtió que el estado no puede vivir de la inercia de proyectos heredados.
No obstante, el señalamiento ignora que varios de los proyectos estratégicos que hoy continúan fueron impulsados por administraciones anteriores y que el propio legislador reconoce como positivo que no se hayan cancelado por razones políticas.
Resulta contradictorio exigir visión de futuro mientras se minimizan avances en infraestructura como la modernización del Puerto de Altura, inversiones históricas en programas sociales, el rescate del campo con más de 750 kilómetros de caminos sacacosechas y apoyos directos a madres autónomas, jóvenes universitarios, personas con discapacidad y pescadores.
Si el debate es sobre resultados, la discusión debería centrarse en cifras comparativas y propuestas alternativas claras, no únicamente en la descalificación.
La “Bancada del Pueblo” responde
En contraste, legisladores de Morena y aliados respaldaron el informe, defendiendo que en Yucatán “hay rumbo, hay resultados y hay transformación con impacto real”. Con tono irónico, invitaron a la oposición a “quitarse los zapatitos de charol y ponerse las botas”, en alusión a recorrer territorio y escuchar directamente a la ciudadanía.
El señalamiento no es menor. Más allá del intercambio político, el reto para todos los actores es salir del recinto legislativo y contrastar discursos con la realidad social.
Política o propuesta
El Congreso debe ser espacio de debate serio, no de protagonismos. La crítica es indispensable en democracia, pero cuando se percibe como intento sistemático de desacreditar sin reconocer avances, pierde fuerza y legitimidad.
En política, todos tienen cola que les pisen. Por eso, la oposición haría bien en acompañar sus señalamientos con autocrítica y propuestas viables. Y el gobierno, por su parte, deberá sostener con resultados verificables el optimismo de su narrativa.
El Primer Informe ya fue presentado. Ahora el verdadero juicio no está en la tribuna, sino en la calle…(OGY)