El Observador Gráfico Yucatán

¿QUIEREN ACABAR CON EL TORTILLERO DE BARRIO?

Entre la ley y la vida diaria: cuando una tortilla caliente que llega a casa también significa trabajo, apoyo comunitario y tradición

José Pallotta/OGY: Mérida, Yucatán.

En muchas colonias de Yucatán, el sonido de un claxon de mano en una motocicleta no siempre anuncia prisa o tráfico. A veces anuncia algo más simple y más profundo: tortillas calientes recién salidas del molino.

Ese servicio cotidiano -que durante décadas ha formado parte de la vida en barrios y comunidades- hoy parece enfrentar una nueva polémica. En días recientes han circulado versiones sobre supuestas multas de hasta cuatro millones de pesos por vender o transportar tortillas en motocicleta o en hieleras térmicas.

Sin embargo, la propia Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) ha aclarado que no existe una nueva ley que prohíba automáticamente esta práctica. Cada caso, dicen, debe analizarse para determinar si realmente existe una irregularidad.

El problema surge cuando la interpretación de la norma se convierte en amenaza antes que en análisis.

Valladolid y la polémica que encendió el debate

En la ciudad de Valladolid, vecinos y pequeños comerciantes señalan que un empleado o elemento vinculado a la Profeco ha advertido sobre multas excesivas si continúa el reparto de tortillas en motocicleta.

La advertencia ha generado preocupación entre los llamados “tortilleros de barrio”, quienes diariamente recorren calles y colonias llevando tortillas calientes en neveras térmicas -que seguirá después? a lo mejor a los panaderos que llevan el pan en triciclos-

La pregunta es inevitable: ¿se está castigando una práctica irregular… o se está poniendo en riesgo una forma tradicional de comercio popular?

Antes de hablar de sanciones millonarias, quizá lo primero que debe hacerse es entender la realidad que existe detrás de cada motocicleta cargada de tortillas.

No solo es negocio: también es servicio social

El reparto de tortillas a domicilio tiene más de un significado en la vida diaria de muchas familias.

Para el repartidor, representa su sustento.
Para el consumidor, muchas veces es una necesidad.

En muchas casas hay adultos mayores o personas con discapacidad motriz que simplemente no pueden caminar hasta el molino o la tortillería. En otros casos, se trata de familias que trabajan todo el día y no tienen tiempo para salir por tortillas varias veces al día.

Ahí aparece el tortillero de moto, soportando los candentes rayos del sol.

No como un lujo, sino como una necesidad económica y solución.

Una práctica que además genera empleo para jóvenes y trabajadores que encuentran en ese oficio una manera honesta de sostener a sus familias.

La nevera térmica: más sentido común que polémica

Otro de los puntos señalados en la discusión es el uso de hieleras o neveras térmicas para transportar el producto.

Pero la lógica es simple.

Las neveras están diseñadas precisamente para conservar temperatura y proteger los alimentos del ambiente. En el caso de la tortilla recién hecha, permiten mantenerla caliente y limpia durante el trayecto.

Y hay algo que cualquier mexicano sabe reconocer sin necesidad de normas oficiales: la diferencia entre una tortilla fresca y una tortilla vieja.

La textura, el aroma y el sabor no engañan.

Una tradición que también mueve economía

La tortilla no es solo un alimento, es uno de los pilares de la cultura alimentaria de México y, particularmente, del sureste.

Desde el maíz nixtamalizado hasta el molino del barrio y la tortillería de esquina, existe toda una cadena económica que depende de este producto.

Cuando el tortillero se sube a su motocicleta y recorre las calles, no solo está vendiendo tortillas. Está conectando esa cadena con las familias.

Y eso también es economía popular.

Regular sí… pero con criterio

Nadie discute que las autoridades deben vigilar condiciones sanitarias y proteger al consumidor. Esa es precisamente la función de instituciones como la Profeco, pero entre supervisar y amenazar existe una gran diferencia.

Antes de imponer sanciones millonarias, sería prudente analizar el contexto social, económico y cultural de este tipo de actividades.

Porque en muchas colonias, la motocicleta con tortillas no representa un problema sanitario.

Representa trabajo.

Representa apoyo comunitario.

Representa tradición.

Más que tortillas: identidad

Al final, la discusión no gira únicamente alrededor de una nevera o una motocicleta.

Gira alrededor de algo más profundo: la manera en que las ciudades conviven con sus propias tradiciones.

La tortilla caliente que llega hasta la puerta de una casa no es un riesgo para la sociedad.

Es una escena cotidiana que forma parte de la identidad de los barrios mexicanos.

Y si algo merece analizarse con cuidado antes de desaparecer, es precisamente aquello que durante generaciones ha funcionado, alimentado y unido a la comunidad…(OGY)

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