Noé Peniche Peniche lamentó no haber participado en la marcha taurina realizada en Paseo de Montejo y llamó a los aficionados a defender una actividad que consideran parte de la identidad, la cultura y el sustento de miles de familias yucatecas.

Por Noé Peniche Patrón.
No asistí a la marcha. Debo reconocer que ni siquiera me enteré a tiempo.
Cuando mi esposa Anita supo de la movilización, me reclamó con justa razón: “¿Por qué no fuimos?, ¿por qué no me avisaste?”. Tratando de encontrar una explicación, le respondí que mucha gente seguramente había aprovechado el domingo para trasladarse a los puertos y disfrutar del último tramo de las vacaciones.
Sin embargo, la ausencia también deja una lección: quienes creemos en la defensa de nuestras costumbres no podemos permanecer indiferentes ni esperar a que otros levanten la voz por nosotros.
La mañana del domingo 30 de agosto, aficionados, ganaderos, toreros, palqueros, vaqueros, monosabios y trabajadores relacionados con la fiesta brava caminaron desde el Monumento a la Patria por Paseo de Montejo. Las cifras difundidas sobre la asistencia fueron distintas: algunos medios reportaron más de 200 participantes, mientras publicaciones taurinas calcularon entre mil y mil 10 personas. Los organizadores aseguraron que en la península se realizan más de dos mil festejos taurinos al año, de los cuales dependen numerosas familias. (Península Taurina, Titan Sports)
La marcha tuvo como propósito defender las corridas de toros y los torneos de lazo ante la posibilidad de que prosperen restricciones semejantes a las aprobadas en la Ciudad de México. En marzo de 2025, el Congreso capitalino autorizó únicamente espectáculos taurinos “sin violencia”, prohibiendo herir o matar al toro y utilizar instrumentos punzocortantes. Para numerosos aficionados, aquella reforma representó una prohibición disfrazada y una traición a la esencia de la tauromaquia. (Gobierno de la Ciudad de México)
No se debe olvidar que en la capital del país se encuentra la Plaza México, considerada la más grande del mundo y construida por iniciativa de Neguib Simón Jalife, empresario yucateco de ascendencia libanesa. El recinto fue inaugurado el 5 de febrero de 1946 y constituye otra muestra de la profunda relación de Yucatán con la historia taurina nacional.
Lo ocurrido en la Ciudad de México debe servirnos de advertencia. Si no queremos que una decisión semejante sea impuesta en Yucatán, la próxima convocatoria no puede encontrar un Paseo de Montejo a medias.
La avenida debe llenarse con quienes consideran que estas expresiones —originarias de España y llegadas a América durante la época colonial— fueron adoptadas con el paso de los siglos hasta formar parte de las fiestas patronales de numerosas comunidades.
Esto no significa ignorar a quienes rechazan las corridas por considerar que existe maltrato animal. Durante la concentración, un pequeño grupo de activistas también ejerció su derecho a manifestarse y la coincidencia de ambos contingentes provocó insultos, amenazas y momentos de tensión que obligaron a intervenir a elementos de la Secretaría de Seguridad Pública. La defensa de cualquier tradición pierde fuerza cuando el argumento es sustituido por la agresión.
Defender nuestras convicciones exige presencia, organización y firmeza, pero también respeto. La discusión debe darse públicamente y con argumentos, porque la cultura de un pueblo no puede decidirse desde la indiferencia ni mediante imposiciones.
Al reflexionar sobre lo ocurrido, viene a la memoria el conocido texto del pastor alemán Martin Niemöller, escrito después del ascenso del nazismo. No se trata de un “pasaje de Varsovia”, como algunas veces se afirma, sino de una advertencia moral sobre las consecuencias de guardar silencio mientras otros son perseguidos: primero fueron por unos y nadie protestó; después fueron por otros y tampoco hubo reacción; cuando finalmente fueron por quien había callado, ya no quedaba nadie que pudiera defenderlo. (Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos)
Sin comparar tragedias ni realidades históricas completamente distintas, el mensaje conserva una enseñanza: la indiferencia permite que las decisiones avancen sin resistencia.
Hoy se discuten las corridas y los torneos de lazo. Mañana podría ponerse en duda alguna otra expresión de nuestra identidad comunitaria. Por eso, quienes creen en estas tradiciones deben participar, organizarse y defenderlas dentro de la ley…(OGY)