Las inundaciones dejaron una lección clara: Gobierno del Estado y Ayuntamiento de Mérida necesitan recorrer juntos las comisarías y municipios para atender a quienes hoy enfrentan los efectos reales de la naturaleza
José Pallotta/OGY: Mérida, Yucatán.
Las recientes lluvias que azotaron a Mérida y buena parte del territorio yucateco dejaron al descubierto una realidad que va más allá de los encharcamientos, las calles inundadas y los refugios temporales. También evidenciaron que, en tiempos de emergencia, la política no debería convertirse en una competencia para demostrar quién hace más o quién aparece más.
Mientras el Ayuntamiento de Mérida, encabezado por Cecilia Patrón Laviada, y el Gobierno del Estado, liderado por Joaquín Díaz Mena, desplegaban acciones para atender las afectaciones en la capital, muchos ciudadanos observaban cómo ambas administraciones parecían esforzarse por dejar clara su presencia pública. Refugios temporales, brigadas, recorridos y anuncios se multiplicaron en medio de una coyuntura que inevitablemente también tiene una lectura política rumbo a los próximos procesos electorales.
Sin embargo, en esta aparente competencia hay una verdad que no debe perderse de vista: los verdaderos ganadores son los ciudadanos cuando las autoridades actúan, independientemente de los colores partidistas o de quién encabece la acción.
Pero también surge una pregunta obligada: ¿qué está ocurriendo fuera de Mérida?
Las imágenes de calles inundadas en la capital inundaron las redes sociales, los medios de comunicación y el debate político. Hubo señalamientos, críticas y el tradicional intercambio de culpas entre distintos actores políticos. Sin embargo, poco se ha hablado de las comisarías meridanas y de los municipios del interior del estado que también sufrieron los efectos de estas lluvias extraordinarias.
Es precisamente ahí donde hoy debería concentrarse la atención.
Las comisarías del norte de Mérida, muchas de ellas históricamente vulnerables a las inundaciones, requieren presencia institucional constante. Lo mismo ocurre con los municipios donde miles de familias dependen directamente del campo para sobrevivir.
La naturaleza volvió a recordar su fuerza. Como en los tiempos en que los antiguos mayas atribuían las grandes lluvias a Chaac, el dios de la lluvia, hoy queda claro que ningún gobierno puede controlar los fenómenos naturales. Lo que sí puede hacer es prepararse mejor, prevenir y atender oportunamente a la población afectada.
La historia reciente de Yucatán ofrece lecciones que no deben olvidarse. El huracán Isidoro dejó una profunda huella en el campo yucateco, destruyendo cosechas, dañando tierras productivas y golpeando la economía de miles de familias. Hoy existe el riesgo de que algunas zonas agrícolas vuelvan a resentir afectaciones importantes derivadas de las inundaciones.
El llamado “Renacimiento del Campo” que impulsa la actual administración estatal no puede medirse únicamente en programas o discursos; también debe reflejarse en la capacidad de responder cuando la naturaleza pone a prueba a los productores.
Por ello, más que competir por reflectores, resulta urgente que Gobierno del Estado y Ayuntamiento de Mérida recorran juntos las comisarías, visiten las comunidades afectadas y coordinen esfuerzos con los alcaldes de los municipios que hoy enfrentan dificultades.
Porque las inundaciones no distinguen partidos políticos.
El agua no pregunta quién gobierna.
La necesidad tampoco tiene colores.
A esto se suma otro factor pocas veces considerado en medio de las emergencias: el impacto económico para las familias. La suspensión de actividades decretada para proteger a la población fue una medida responsable desde el punto de vista de la seguridad; sin embargo, también representa un desafío para miles de trabajadores que viven al día y cuyos ingresos dependen de la actividad cotidiana.
Para muchas familias, un día sin trabajar significa un día menos de ingresos para cubrir alimentos, transporte, medicamentos o gastos básicos del hogar.
Por eso, la reconstrucción tras las lluvias debe contemplar no sólo la infraestructura dañada, sino también la realidad económica de quienes enfrentan estas contingencias desde la vulnerabilidad.
La emergencia debe convertirse en una oportunidad para demostrar que la coordinación institucional está por encima de las diferencias políticas.
Yucatán necesita menos competencia entre gobiernos y más trabajo conjunto.
Porque cuando la naturaleza golpea, la mejor respuesta no es ver quién aparece primero en la fotografía, sino quién llega más lejos para ayudar a quienes realmente lo necesitan…(OGY)
